La energía abundante y barata tiene los días contados PDF Imprimir E-mail
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Si sube el precio del crudo nos acordamos de la dependencia mundial energética y del agotamiento de las reservas ; cuando bajan los precios nos volvemos a relajar. Ahora, con el barril de petróleo a 60 dólares, la caja de pandora se ha vuelto a abrir y va a ser difícil volverla a cerrar porque la demanda supera a la producción.

  La vida diaria de la mayor parte de las personas que vivimos en países de capitalismo avanzado, y cada vez más, en países periféricos, depende del consumo de hidrocarburos (petróleo, gas y carbón). El 90% del transporte mundial de personas y mercancías por tierra, mar y aire, depende del petróleo y a corto plazo no hay sustitutos. La generación eléctrica, de la que se alimentan todos los electrodomésticos de nuestras casas, las comunicaciones, la producción industrial... sigue siendo fundamentalmente térmica, a pesar de que en los últimos años se han desarrollado las tecnologías renovables.

http://diagonalperiodico.net/spip.php?article1493&var_recherche=Petr%F3leo

 

 

Esta dependencia de los hidrocarburos, principalmente del petróleo, ha sido posible porque éste era abundante y barato y porque poco ha importado que no fuera una energía limpia. Actualmente, tres preocupaciones ponen en crisis la Era de los Hidrocarburos : el incremento de su precio, su carácter de recurso agotable, y sus impactos medioambientales, especialmente el agotamiento de la atmósfera como sumidero de gases de efecto invernadero.

Precios y crisis estructural

La primera crisis del petróleo (1973) puso en marcha grandes proyectos de ahorro y diversificación energética, pero se relajaron. En 1990, con la Guerra del Golfo, el precio del crudo Brent (el mercado de referencia en Europa) llegó a los 40 dólares el barril, pero sólo durante un breve plazo, tras el cual el mundo volvía disfrutar de energía abundante y barata. Hoy el precio del crudo vuelve a alcanzar sus máximos históricos y no parece que haya marcha atrás, por mucho que los países productores suban sus techos de producción. Diversos analistas coinciden en afirmar que los elevados precios del crudo no son el sintoma de un ejercicio de poder de los países productores como ha sucedido otras veces, sino la crónica de una muerte anunciada : la demanda disparada por efecto de la globalizacón y las demografías ha superado a la producción.

Peter Horsnell, del Oxford Energy Forum, y Mariano Marzo, profesor de recursos energéticos de la Universidad de Barcelona, coinciden en que la principal causa de que los precios hayan subido tanto es el incremento de la demanda mundial junto con un agotamiento de las reservas existentes. Hasta hace poco, con las reservas y la producción que existían, la demanda se satisfacía tranquilamente, pero con la globalización, al entrar en juego países con poblaciones y economías ascendentes como China y la India, se ha disparado. Conviene aclarar que no es una cuestión de culpa : un profesor de la universidad de Pekín recordaba en el reciente encuentro de la Asociación para el Estudio del Cénit del Petróleo (ASPO), que 290 millones de estadounidenses consumen un kilómetro cúbico de petróleo al año, mientras que 1.300 millones de chinos consumen apenas un cubo de unos 350 metros de lado.

Otra de las causas de que aumenten los precios según ambos autores es la disminución de la capacidad de refinación. El petróleo que queda por explotar es de peor calidad y las refinerías que existen son de hace 30 años y se hicieron para crudos de buena calidad, los ligeros. “Aunque se aumenten las reservas de crudo, si los productos derivados no lo hacen también, entonces hay escasez de ofertas y suben los precios”, concluye Mariano Marzo.

Pese a esta situación, la respuesta de la demanda con respecto a los precios es muy baja porque para sectores como el transporte no hay sustitutos. Los gobiernos importadores reaccionan subvencionando parte de los combustibles y para economías fuertemente endeudadas como las centroamericanas la factura petrolera es inasumible. El Gobierno de Nicaragua ha llegado a decretar la situación de emergencia en todo el país.

El petróleo, al igual que el gas y el carbón, es un recurso fósil generado hace millones de años y cuya existencia no es eterna. Conviene recordar esta obviedad porque la percepción de nuestro mundo se basa en las posibilidades de crecimiento económico ilimitado donde el envejecimiento se ha convertido en tabú.

La cuestión en esta interrogante no es cuándo se acabará el petróleo sino el momento en el que su producción no podrá seguir el ritmo de la demanda, cuándo empezará a escasear la oferta de petróleo abundante y barato para todos, lo que se conoce como el “cénit del petróleo”.

Existe consenso en que hay un momento en que se alcanza un techo de producción a partir del cual empieza una bajada inexorable. Pero es difícil establecer el pico de producción porque no se sabe qué hay en el subsuelo (ni las reservas probadas ni las que quedan por descubrir), por razones técnicas y también porque existe un secretismo total. Las “cifras oficiales” de reservas probadas sobre petróleo convencional son las que comunican los diferentes países a las revistas del sector y que después recopila la British Petroleum en su anuario. Las empresas públicas, especialmente de los países de la OPEP, arrojan datos poco fiables. Según Enrique Parra, en su libro Petróleo y Gas natural, “a finales de 1988 la OPEP decía disponer de 760 mil millones de barriles (Gb), casi 300 Gb más que en 1984, sin que se conocieran grandes descubrimientos, ¿eran correcciones de malas cifras heredadas de la época en que las propietarias eran las multinacionales o los gobiernos buscaban colocarse mejor para la asignación de cuotas ?". Por su parte, las compañiás privadas, al tener que cotizar en bolsa, deben informar de sus reservas probadas, pero esto tampoco garantiza que sus datos sean fiables.

Según las estimaciones sobre reservas y sobre la demanda, el debate sobre cuándo se alcanzará el cénit se divide en dos sectores. Del lado optimista, instituciones como el Servicio Geológico de Estados Unidos confían en la eficiencia tecnológica para exprimir aún más la tierra en zonas que antes, por el elevado coste, no lo permitían, así como en el hallazgo de nuevos yacimientos, que con suficiente inversión nos devolverán la tranquilidad, al menos durante 50 años. En el lado pesimista, la Asociación para el Estudio del Cénit del Petróleo (ASPO), fija el pico de producción en 2008. Basándose en la curva de Hubbert, que predijo y acertó que el cénit de producción de Estados Unidos era en 1979, la ASPO describe la producción como una curva que alcanza su máximo cuando se ha extraido la mitad, lo que ocurrirá a nivel mundial en los próximos años.

Si la demanda sigue creciendo, las primeras reservas que se agotarán serán las que no pertenecen a la Organización de Países Productores de Petróleo (OPEP), lo que provocará más dependencia de ésta y un incremento no conocido de los precios. Según Mariano Marzo, “la industria de los hidrocarburos sabe que las grandes reservas están en manos de compañías estatales y que sus compañías privadas van a alcanzar el cénit”, lo cual aumenta las presiones para privatizar las primeras.

Impacto medioambiental

El petróleo objeto de transacción internacional entre regiones representaba un 46% en 2002, por lo que episodios como el Prestige, si no ocurren cerca de la costa, pasan completamente desapercibidos. Además de las mareas negras y la exploración en reservas naturales para disminuir la dependencia de la importación de petróleo- sin tener que disminuir necesariamente el consumo-, el principal impacto medioambiental ocasionado por la dependencia de este hidrocarburo es el cambio climático. Según Joaquín Nieto, secretario confederal de Medio Ambiente y Salud Laboral de CC OO, “antes que el problema del cénit del petróleo, que está ahí, hay otro superior que es el agotamiento de la atmósfera como sumidero”. Este problema sí ha preocupado a los gobiernos, con la entrada en vigor del Protocolo de Kioto en febrero de este año. El debate también se polariza entre quienes confían en las bondades del mercado para estimular el desarrollo de energías limpias y quienes, como Mariano Marzo, opinan que “es un cuento chino, un paso adelante en una cinta transportadora que va en sentido contrario porque las previsiones de la misma AIE para el 2030 es que los hidrocarburos seguirán siendo un 80% del consumo de energía”.

El debate sobre la crisis energética no se cierra por tanto con el agotamiento de las reservas y con las llamadas energías alternativas. Sus implicaciones ponen en cuestión las raíces mismas de la civilización de la abundancia y el derroche de recursos.