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 La Revista Biodiversidad -Sustento y Culturas- editó un número especial para España sobre la agroenergía bajo el título "El furor de quemar el futuro" que incluye artículos adicionales y un editorial de Paul Nicholson, miembro del Comité Coordinador Internacional de La Vía Campesina. Hemos destinado este número de Biodiversidad íntegramente a discutir los muchos impactos que la producción agroindustrial de combustibles tendrá sobre la tierra y todos sus habitantes. Lo que es posible prever, como se discute en los distintos artículos, es el alza de los precios de los alimentos, la expansión acelerada e incontrolada de cultivos y plantaciones transgénicas, la contaminación masiva de territorios con agrotóxicos, el uso de nanotecnologías en la agricultura, el control cada vez más profundo y monopólico de la alimentación por parte de unas pocas transnacionales, el control y apropiación de más territorios indígenas y campesinos por parte de los mismos conglomerados, y por parte de los grandes terratenientes regionales que ahora se globalizan; la expulsión desde el campo, la escasez y contaminación crecientes del agua y la expansión a gran escala de los procesos de destrucción de los ecosistemas que juegan un papel central en el ciclo de carbono del planeta. Todo ello, sin remediar, ni superficialmente ni de fondo, los procesos de cambio climático y calentamiento global: éstos no sólo no mejoran sino que empeoran y pueden tornarse irreversibles. Los combustibles agroindustriales son un negocio. Un negocio ilegítimo que aprovecha la crisis para hacer más dinero. Descargar documento completo (PDF; 39,8 MB)
Propuesta envenenada Autor: Veterinarios sin Fronteras Los agrocombustibles no aportan ninguna solución real a los problemas actuales en el escenario rural porque no varían en nada las causas que los provocan. De hecho las ahondan. Tampoco tienen nada claro su futuro los agricultores que ahora mismo cobran algo más por su producción de maíz, colza o girasol. Leer más… La trama de los agrocarburantes en el estado español Autores: Rosa Binimelis, Alejandro Jurado, Mónica Vargas La expansión de los agrocombustibles a escala global puede explicarse, en buena medida, por el apoyo que las principales potencias económicas, Europa y EEUU, brindan mediante políticas públicas, subvenciones y medidas legislativas. En el Estado español, la Ley 24/1998 del Sector de Hidrocarburos establece el objetivo (obligatorio) de que para 2010, el 5.75% de su consumo energético en transporte proceda de agrocombustibles, acorde con las directivas europeas. Leer más… Todos los demás artículos están disponibles aquí: http://www.grain.org/biodiversidad/?type=39 Editorial Los/as profetas del neoliberalismo y el desarrollismo prometían a mediados del siglo xx que la “revolución verde” acabaría con el hambre en el mundo y traería prosperidad y bonanza a las comunidades campesinas del Sur y del Norte. Hoy, uno mira hacia atrás y no hay lugar a dudas: la alimentación de nuestros pueblos y ciudades, de nuestras comunidades, desgraciadamente, depende cada vez menos de los/as campesinos/as; la agroindustria, las empresas de ingeniería genética y las grandes cadenas de distribución controlan cada vez de una manera más abrumadora cada uno de los eslabones de la cadena agroalimentaria; y el hambre, la pobreza y la desigualdad, en vez de disminuir, han aumentado; 854 millones de personas sufren hambre diariamente. Medio siglo después de aquellos cantos de sirena (cantos que han derivado en la industrialización de la agricultura y en un modelo intensivo de cultivar la tierra, que han provocado una apuesta clara por la privatización de los recursos naturales y que han inundado de ex-campesinos/as los cinturones de las grandes urbes del Sur) una nueva receta mágica ha sido ideada por las mentes del capital: el desarrollo masivo, intensivo y a gran escala de los agrocombustibles. Supuestamente, los agrocombustibles (y no, biocombustibles) van a resolver gran parte de los retos pendientes de la humanidad: el hambre y la pobreza que sufren millones de personas, así como el cambio climático y la propia supervivencia de la Naturaleza que ha dado vida a este planeta. Contrariamente, el mismo Jean Ziegler, Relator Especial de las Naciones Unidas para el derecho a la alimentación, comenta en su último informe que “precipitarse en convertir los cultivos alimentarios, el maíz, el trigo, el azúcar, el aceite de palma, en combustible para automóviles, sin examinar antes los efectos sobre el hambre en el mundo, augura un desastre”. Las primeras consecuencias ya se están evidenciando: concentración de millones de hectáreas de tierra fértil en manos de multinacionales de la agroalimentación (fundamentalmente en el Este de Europa, Asia Central y América del Sur); situación crítica de miles de explotaciones ganaderas debida a la subida de los precios de los granos; incremento considerable de los precios de los alimentos básicos (pan, huevos, carne, etcétera); conflictos sociales como “la guerra de las tortillas” que puso en jaque al gobierno mexicano. Es muy claro que el repentino y decidido impulso que los países del Norte pretenden dar a los agrocombustibles se debe fundamentalmente a la necesidad de resolver uno de los problemas que hoy padecen: la dependencia respecto al petróleo (gran parte de las reservas están en manos de países del Sur o países no aliados de los países ricos) y el prohibitivo precio de los barriles de crudo. La trampa radica en el hecho de que lo que debe cuestionarse, y no se cuestiona, es el modelo energético en sí mismo. Es inaceptable pretender que los países del Sur “cosechen” energía para mantener el modelo energético despilfarrador de los países ricos, cuando muchos de ellos ni siquiera son capaces de cumplir con el básico derecho a la alimentación de sus poblaciones. Millones de campesinos/as de todo el mundo, pueblos indígenas, trabajadores/as rurales sin tierra, mujeres rurales, trabajadores/as agrícolas, consumidores/ as responsables, ecologistas y otros/as reivindicamos una agricultura campesina, social y sostenible, frente a la agricultura de las multinacionales, los transgénicos y los agrocombustibles. Será imposible afrontar de una manera honesta, realista y eficaz la lucha contra la pobreza y el cambio climático sin la reconstrucción de la soberanía alimentaria de los pueblos. Por tanto, demandamos a todos los Estados establecer una moratoria de cinco años sobre todas las iniciativas para desarrollar agrocombustibles. ¡Gobalicemos la lucha! ¡Globalicemos la esperanza! Paul Nicholson Solano, Miembro del Comité Coordinador Internacional de La Vía Campesina |